No fumes
Es una lástima que fumes. No me gustan los besos con sabor a alquitrán.
Ni el olor de mi ropa después de abrazarte. Cuando terminemos me va a resultar imposible abrir el clóset. Voy a querer simplemente quemarlo.
Y no te va a gustar, pero a decir verdad no te ves tan hermosa en esas fotos en las cuales estás fumando.
Ver esas fotos es como comer un postre. Comer un postre es una experiencia que se prolonga en el tiempo. Se hace eterna y es intensa mientras dura. Verte es así, como comer un postre. La analogía dista mucho de ser un ejemplo de belleza y sobriedad, pero solo hay tres cosas que me hacen sentir así, como que el tiempo se extiende: comer un postre, oír a Fauré, y verte.
Tal vez debí usar a Fauré.
Empecemos de nuevo: ver esas fotos es como oír el Cantique de Jean Racine de Fauré. Oír a Fauré es una experiencia que se prolonga en el tiempo. Se hace eterna y es intensa mientras dura. Verte es así, como oír a Fauré. La analogía es un ejemplo perfecto de belleza y sobriedad.
Entonces empiezo a mirar la foto y veo tu pelo rojo desordenado volando, flotando por encima de tus ojos grandes como la luna de esta mañana que opacaba todo lo demás. El cielo de esta mañana estaba precioso, como vos: no había ni una nube, y hasta el azul del cielo se había hecho tímido ante la presencia arrolladora de una luna como nunca has visto.
Y mis ojos se detienen en tu sonrisa y vuelven para deleitarse con tu pelo y tus ojos, y siguen la silueta de tu cuerpo y vuelven para deleitarse con tu sonrisa, y siguen hasta tus brazos y tus manos y vuelven para deleitarse con la silueta de tu cuerpo. Y al volver a tu mano blanca y larga encuentran en el extremo un cilindro blanco. Negro debería ser para dar una idea de lo mal que te hace.
Y honestamente hay una fracción de segundo en la cual los ojos ya no quieren volver. Quieren mirar a otro lado, lejos de la foto.
No dura mucho, porque cigarrillo o no, es difícil dejar de mirarte.
Ay, si no fumaras… tal vez mi mirada dejaría de existir. Dejaría de ser mía para fundirse con tu imagen y ya no podría hablarse de mi mirada como algo por separado. Como la cara de una moneda, que no es nada sino en función de la moneda. Mi mirada solo sería en relación con tu imagen, no serviría para nada más.
Pero sigue siendo una lástima que fumes. En verdad no me gustan los besos con sabor a alquitrán.