Aikido
El miércoles el Aikido me pareció el arte marcial más insulso y poco efectivo sobre la faz de la Tierra. No veía en ninguna técnica la posibilidad de defensa alguna y me parecía risible, ni siquiera funcionaba como teatro. Obviamente yo seguía con mi incapacidad para unirme, para recibir y redirigir la energía.
Y el jueves un randori que me hizo sentir fantástico, me hizo sentir ese ejercicio y esa activación que añoraba. Ese día lo vi efectivo, circular, armonioso y vigoroso, tal como me gusta.
Supongo que así es el Aikido.
Je voudrais te voir encore une fois…
…y se pone en marcha la máquina de guerra. Y en la sala de conferencias hablan todas las voces.
Unas hablan de lo bueno que sería. Envían sus mensajes a una unidad desesperada que durante mucho tiempo ha estado sentada en el sol, mortificada en la quietud del tiempo, preguntándose cuando será la hora. ¿Qué sentido tendría tener con que hacer la guerra si no habrá guerra?
Otras bajan la mirada y resisten la idea. Tanto tiempo sin luchar, quizás perderíamos antes de comenzar. ¿Cuál será la mejor forma de pelear contra esto? ¿Cuál será el mejor abordaje, la mejor estrategia? ¿Y si esa no es? ¿Y si no podemos? ¿Y si de verdad la batalla está perdida antes de pensar siquiera en ella?
Y este escrito tercia, y me pregunta por que una bonita frase que tanto he querido oír desencadena una metáfora tan aciaga.
Hello world!
#include <stdio.h>
void main(void)
{
printf(“Hello World!”, %s);
}